29 de octubre de 2010

El último lío de Kirchner

No se podía despedir el ex presidente así nomás, sin dejar un mensaje. Ese hombre que para muchos era un rebelde, un tipo raro -raro para ocupar una primera magistratura- se fue dando un golpe certero a uno de sus enemigos íntimos.

Los medios masivos de comunicación tuvieron que claudicar en su lucha por denostar al proyecto kirchnerista. La tristeza del pueblo que despedía a un hombre los sobrepasó. Las cientos de miles de personas que se acercaron a la Casa Rosada con una flor o tan solo con una lágrima eran imposibles de invisibilizar.


De repente, ese monstruo intempestivo, autoritario, colérico, corrupto, mentiroso, se hizo más terrenal que nunca. Y más allá de las virtudes con la que la muerte arropa a cada uno que se va, jóvenes y no tan jóvenes fueron a saludar por última vez a ese monstruo, y cientos de jubilados pasaron horas a la intemperie para despedir al loco que les había quitado la posibilidad de cobrar el 82 por ciento móvil.

Pronto todo volverá a la normalidad. Las tapas de Clarín, La Nación y Perfil, los títulos de TN y Canal 13 seguirán contándonos su realidad, esa en la que NK era un facho pseudoprogresista. Pero “la gente” que invoca el gran diario argentino ya no podrá desconocer que en la Tierra existen dos mundos: el de los medios por un lado; y el de los jóvenes, los abuelos, los trabajadores, por otro.

El discurso hegemónico chocó a 200 por hora con la realidad. Se estrelló. Por negligencia, por manejar borracho de poder, por olvidarse que lo importante es el camino, hay muchos ciudadanos que, cuanto menos, se pondrán el cinturón de seguridad antes de volver a creer en las plumas y las voces que hablan como si todo lo supieran.

Kirchner no era el que vimos en Telenoche desde el día de su muerte: no existe el hombre perfecto. Pero tampoco era el que veíamos antes, cuando manejaba el rumbo de la Argentina desde su escritorio. ¿Quién era Kirchner entonces? Tal vez nunca lo sepamos a ciencia cierta, pero la sensación de que no alcanza con una sola persona para reemplazarlo se justifica con su último lío: ya sin fuerzas, incluso de forma inconsciente, se fue gritando por la ley de medios.

2 comentarios:

Leonardo Victor Scilabra dijo...

Que cierto es todo lo que escribis Mati...
Ya habías escrito vos, sobre lo impactante de la frase de Rivas a quien lo que más le gustaba de Nestor eran "sus enemigos". Y eso un poco te pinta no?
Comparto que Néstor se va con un "último gran lío", pero qué triste el precio que tuvo que pagar... :(

Ale Liberman dijo...

Puedo estar de acuerdo en algunas cosas y desacuerdo en otras, pero esta bien escrita, me gusta la nota Mati.
Gran Abrazo.
Ale

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