Ella nunca se fue, siempre está volviendo. No tiene que buscar demasiado para encontrar a alguien dispuesto a frotar la lámpara para que logre salir. Por las dudas, está preparada. No vaya a ser cosa que justo cuando la necesiten la encuentren desarreglada.
En los tiempos de cólera, solía repetir ese “no te metas”, pero iba en serio. No era una advertencia, era una amenaza. Los hombres de hierro eran los guardianes de la antipolítica. Habían tomado el control por el fracaso de los estadistas, por la corrupción, por la violencia. Era sencillo: no te metas. Para el que osaba a contradecirla, tenía una serie de técnicas para hacerlo cambiar de opinión.

Avergonzada, más no arrepentida, se escondió por unos años. Agazapada, volvió en los 90 de la mano del discurso pizza con champagne, incapaz de enamorar ni al más mujeriego. Y otra vez, no te metas. No te metas, para qué. Si son todos ladrones, está todo sucio. La antipolítica había aprendido: no era hora de picana, eso ya no servía. Ahora alcanzaba con tener un gerente que jugara al golf y manejara una Ferrari.
En el 2001 se enfermó. Estuvo muy grave. El “que se vayan todos” era lo que siempre había estado buscando, sólo que serviría cuando fuera un simple discurso. Claro, en el fondo, la antipolítica tiene como primer objetivo salvaguardar al status quo, lograr que nada cambie. Para eso, lo importante es inmovilizar a la sociedad, hacer que descrea, que piense que, más allá de cualquier esfuerzo, no hay salida. Estamos atrapados.
Cuando no se lo esperaba, tuvo que ceder. Con la muerte de Néstor Kirchner afloró la política. Los jóvenes, sobre todo, coparon la calle. La política había vuelto. Estaba ahí, a flor de piel.
Ella, rencorosa, encontró rápidamente su nuevo Aladino: Elisa Carrió. La líder de la Coalición Cívica ha hecho un culto de la antipolítica, pero en el debate por el presupuesto mostró todas sus cartas: denuncia aprietes, pacto de Olivos II, presiones, la Banelco de Cristina. Ojo, no piensa denunciar nada ante la Justicia. No sea cosa que se sepa la verdad. La verdad es enemiga de la antipolítica. Podría ser que uno, dos o tres diputados hayan recibido coimas, o podría ser que ninguno. Pero eso no importa. Ella sabe bien que no hay nada mejor para manchar a la política que dejar sembrada la duda.
2 comentarios:
buena nota, estimado matias. escribiria mas porque hay algunos puntos que tocar, pero no tengo tiempo, aunque no pude evitar comentar. saludos.
Muy bueno pibe, comparto lo que decís... Sí bola, en serio, comparto algo con vos. La antipolítica es lo pero que le pudo haber pasado a la sociedad, fue dejar el camino libre a los "malos", nos enseñaron de chicos que el político, que la política, son MALOS CON MAYÚSCULA. No te metas porque ahí los buenos no llegan o se corrompen, y claro que estaba llena de "malos", si a los buenos les enseñaron a no acercarse.
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